jueves, 30 de octubre de 2014

Fragmentos de eternidad: DIANA

Fragmentos de eternidad: Semanalmente compartiremos juntos algunas pequeñas historias de amores profundos. Disfruten la primera.


El pavimento estaba mojado aún, el clima se destacaba con una de las temperaturas más bajas de la temporada, eran las seis de la tarde y el tráfico, los peatones y la vorágine de la ciudad estaban en su máximo esplendor. Diana caminaba apurada, como escapando del mundo, un mundo que cada instante la arropaba más con su furia desconcertante. Su mente se hallaba en otro lugar mientras su cuerpo era atropellado por una avalancha de personas que caminaban como si la vida se les fuera en cada paso.

Muchas imágenes cruzaban en su cabeza insistentemente, se recordaba de él, de su gran amor. Ese amor no correspondido pero gigante que en otro país, en otro huso horario, en otro continente, tejía un destino muy distante a ella y en donde no le reservó ni siquiera una participación especial.  Ella sin embargo caminaba por una de las avenidas más frecuentadas de Nueva Delhi,  más sola que nunca, menos viva que nunca, más enamorada que nunca.

El primer beso, su primer cruce de miradas en aquella vieja discoteca, aquella experiencia fugaz en donde cada centímetro de su cuerpo le habían pertenecido de una manera casi involuntaria y esos ojos verdes se habían quedado congelados en su recuerdo por siempre. Todo eso se paseaba por su mente de una forma casi abusiva. Sin pedirle permiso, sin respetar su dolor, sin importarle su ausencia.

Diana por fin llega aquel hotel de clase media en el que se estaba hospedando, sin mirar al recepcionista le pide la llave con señas, sube a su habitación y desesperadamente abre la puerta para dejarse fundir en aquellas sabanas color marfil que envolvían la cama. Lloró, lloró mucho, lloró hasta la ultranza absoluta, lloró hasta perder la razón. Sintió un dolor en el pecho, se levantó, bebió un vaso con agua y se volvió a extender sobre la cama para posteriormente quedarse dormida.

Al día siguiente el clima seguía frío, por las ventanas se colaban enormes rayos de luz y solo se escuchaban el flash de las cámaras fotográficas y la conversación distante de dos hombres.

-         -¿Qué tenemos oficial?-

-        -  Mujer morena, delgada, no mayor de treinta años. No posee traumatismos ni lesión aparente- 


Manuel Alfonso Álvarez 

No hay comentarios:

Publicar un comentario