domingo, 10 de noviembre de 2013

PENSANDO CONTIGO "La Cárcel"


“Puede haber televisores, Directv, minitecas, o el entretenimiento que quieras, pero la cárcel es la cárcel ¿Me entiendes? Ahí la muerte es lo más normal del mundo”

Con esas palabras que encierran semanas de dolor, insomnio, riesgo, miedo y los vestigios de la más feroz lucha por la supervivencia, describe un joven ex convicto a lo que por varios meses fue su hogar.

¿Te has preguntado alguna vez la verdad que se esconde tras la realidad penitenciaria de este país? ¿Te has puesto en los zapatos de esas madres que ven partir a sus hijos en un autobús blindado sin la mínima certeza de que algún día regresaran? ¿Alguna vez has pensado por qué a los penales les llaman “La Universidad del Delito”?  ¿Es culpa esto de la Cuarta o la Quinta república? O quizá en un porcentaje mínimo ¡La culpa también es tuya!

La Demagogia política nos está asfixiando el raciocinio, el fanatismo nos tiene embrutecidos, y hablo de derecha e izquierda, porque en ambos lados hay una ceguera preocupante que no nos permite darnos cuenta que Venezuela está en terapia intensiva y cada día tiene menos signos vitales. Y es precisamente la delincuencia, y la ineficiencia del sistema carcelario uno de los aspectos que tiene al país en un jaque mate cada vez más evidente. 

Se captura a los delincuentes para ingresarlos en recintos en donde se especializan y salen cansados, resentidos,  insensibilizados y con mejor técnica para delinquir;  y en el mejor de los casos: salen con un miedo inclemente que le impide reinsertarse y volver a ser jóvenes normales.  La cárcel es vista como un depósito de criminales y no como un centro de reformación, y es ahí en donde se encuentra la piedra angular del problema.

“En la Cárcel vi más oro, teléfonos caros y lujos que en la misma calle. ¿Pero de qué sirve? Eso es material ¡Nada de eso te devuelve la paz!”

Y es que basta ver la palidez, las ojeras, la extenuación y la destrucción emocional de cada ex convicto para darse cuenta que no se puede combatir violencia con violencia, no se puede reconquistar un alma perdida sumergiéndola en su propio infierno, es imposible pedir cambio en unos seres llenos de ira, que evidentemente tienen que pagar sus delitos, pero no revolcándose en un excremento en donde solo lograran salir más enmugrecidos, más crueles, más criminales.

Y no es cuestión de victimizar a los presos, quienes evidentemente tienen una cuota gigante de culpa sobre lo que viven cuando se les priva de libertad. Es un asunto de pensar en cómo convertiremos a nuestro país en un mejor país, si seguimos hundiéndonos en este pozo sin fondo dentro de poco no habrá salida. Y hay que entender que no se solucionará el problema con ministros mitómanos, o siete repúblicas más, el problema se solucionará cuando usted que me lee entienda que la responsabilidad también es suya, que debemos despertar del país de las maravillas y darnos cuenta que estamos mal, y si no ejecutamos, podemos estar mucho peor.

Alguien escribió alguna vez: “La cárcel es el basurero de un proyecto socio-económico determinado, al cual arrojan a todas aquellas personas que molestan dentro de la sociedad... por eso la cárcel alberga principalmente pobres”  

Abandonemos la inercia angustiante y comencemos a trabajar activamente porque la realidad sea más bonita, por heredarles a nuestros hijos una verdad menos cruel,  cuestionemos todo ese paraíso que nos describen los políticos, investiguemos, que la premisa sea la verdad. Tener un familiar en la cárcel duele, angustia, desintegra la paz, por eso pienso que no solo seremos felices cuando las cárceles mejoren, seremos felices cuando las cárceles no sean necesarias.


“Es cuestión de no quedarse callado, el que se queda callado en la cárcel ¡Pierde!”


Por Manuel Alfonso Álvarez 

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