jueves, 21 de julio de 2011

Poesías y algo más.... LOS TRES CAMINOS DE LA COLINA


Cuenta la historia, que había un sabio que vivía una colina y siempre bajaba a guiar a las personas a responder sus preguntas.
 Un día, cuando bajó había tres jóvenes dispuestos a emprender la aventura en busca de sus dudas.
El sabio les dijo: ¿Qué quieren saber?
El primer  joven le dijo: Yo quiero saber qué es la vida. El segundo le dijo: Yo quiero saber cómo supero la soledad. Y el tercero dijo: Yo quiero saber cómo descubro mi yo interior.
El sabio dijo:
- Muy bien, vengan por acá. Como ven hay tres caminos, deben tomar uno cada uno. Si buscas qué es la vida, tráeme una flor morada de tallo dorado. Si buscas superar la soledad, tráeme un tapa ojos hecho de pelaje de jabalí y finalmente si buscas descubrir quién eres consigue algo para volar. Los espero en el pico de la colina.
Y con esto se retiró el sabio, dejando a los jóvenes sin entender nada y mirándose uno a otro.
Aún sin saber ni comprender nada, deciden subir cada uno por su respectivo camino. El primero, el que buscaba qué es la vida, caminó por terrenos muy difíciles, se calló y resbaló varias veces, estuvo a punto de caer al vacío y morir en su búsqueda, pero siguió adelante. En un árbol había muchos frutos y se dio cuenta que tenía hambre y tenía que comer para seguir adelante. El árbol era gigantesco y tenía que trepar para alcanzar el objetivo. Estaba muy cansado pero pronto se animó a trepar. Poco a poco avanzaba pero cayendo en cada intento. Pronto se vio derrotado postrado en el árbol. Pensaba que no podía seguir y conseguir lo que el sabio le había pedido. Ya derrotado vio hacia el frente de la otra colina, y vio a unos de los jóvenes avanzar. Esta visión permitió que se esforzara para seguir adelante y dejar el árbol gigante atrás en cada paso que daba.
El segundo joven quién buscaba superar la soledad, pronto se encontró con dos caminos en su vía. Uno conducía a un sitio donde había tierras muy fértiles y con grandes árboles de protuberancias enormes y frutos exquisitos. Y el otro conducía a una especie de maleza muy abultada, con un camino muy dificultoso y complicado. Al joven le llamó la atención y decidió cruzarlo, dejando atrás el camino que a la vista parecía el sol de cada mañana junto a los ojos recién levantados de una mujer hermosa.
Cuando se metió en la maleza, empezó a apartar todo tipo de vegetación a su paso,  caminaba enredado en sí mismo y cada lecho era más extenso que el anterior. Luchó mucho para no quedar atrapado, parecían que las ramas tenían vida, pero pronto logró salir de ellas. Cuando se avecinó a la salida, se dio cuenta que justo en sus pies estaba en una especie de gruta el tapa ojos que le había nombrado el sabio, pero se dio cuenta que delante de él, no había más camino, sino un enorme vacío. Justo al otro lado estaba el camino hacia el pico donde tenía que llegar, y se dio cuenta que tenía que volver a transitar por la maleza de vuelta para tomar la otra ruta que lo condujera hacia la meta.  Suspiró, y con el pelaje en sus manos, se animó a cruzar de nuevo el camino torrentoso. Cuando salió, cruzó el otro camino aún sin entender nada, pero estaba feliz de haber conseguido lo que quería. Siguió adelante y dejó atrás la encrucijada.
El tercer joven estaba desorientado, se había perdido y no sabía a dónde ir. En su cuerpo habitaba el descontrol y el pánico de poder perderse. El sabio le había señalado el camino, pero ya ni siquiera lo recordaba. Sólo quería llegar, ya no le importaba conseguir algo para volar, es más, no sabía ni siquiera qué buscaba, y sin una idea, su mente se cerraba a las posibilidades de encontrar las alas que lo harían volar. Por un momento se detuvo dentro de su frustración, y recordó las palabras de su madre que decía: “Cuando estas agitado y temeroso, el miedo te hunde y te hace fracasado, porque te cohíbe de hacer las cosas maravillosas para lo que fuiste creado”. De pronto la frase retumbaba en su cabeza, y poco a poco se tranquilizaba, estaba en un lugar empinado, donde la brisa pegaba mucho, cerró los ojos, y se detuvo por primera vez a sentirla. Se dio cuenta que eso le encantaba y que nunca se había detenido a sentir lo que la naturaleza le ofrecía. Había algo dentro de sí que se destapaba, parecía que el aire que sentía en su rostro pasaba por dentro produciéndole una sensación se respiro muy profundo. Se paró firmemente y siguió adelante hacia el pico.

Llegando al pico, se encontraron con el primer joven, estaba sentado mirando al frente, los dos jóvenes siguientes que se habían encontrado en el camino se extrañaron. Al frente el camino estaba frágil y agrietado, era peligroso cruzar por lo que el primer joven se había quedado postrado viendo la posibilidad de alguna idea. Todos se reunieron, debían cruzar para llegar junto al sabio. Decidieron cruzar todos de la mano, por si caían, caían unidos al río que estaba abajo. Las respiraciones se agitaban, pero las ganas eran más fuertes. Cruzaron y mirando al frente, caminaron hacia el pico de la colina. Ahí estaba el sabio y les dijo:

-La soledad va de la mano con la vida, y la vida va de la mano con ese bello interior que habita en las personas… Y bien… ¿Trajeron lo que les pedí?

El primer hombre se pronunció, dándole la flor que le había pedido. El sabio le dijo:

-¿La conseguiste en el primer o en el segundo árbol?

-En el segundo, el primero no lo pude trepar. Respondió el joven.

El anciano asintió con la cabeza, miro al segundo joven.

-Señor yo conseguí el tapa ojos que me pidió. El sabio sonrió y al mismo tiempo le quitaba algunas ramas que le habían quedado de aquel camino.

El tercer joven se pronunció y dijo: Señor yo no tengo nada. Todos se sorprendieron excepto el sabio y dijo:

-Ya hablaremos de eso muchacho. Muy bien… ¿han respondido sus preguntas?

Los jóvenes no entendían, y con sus caras le daban la respuesta.

-Veo que no. Entonces yo les ayudaré a responderlas. Llegaron juntos de la mano, eso significa que la soledad, la vida, y el descubrimiento de nuestro interior no es impedimento para cruzar y avanzar a la meta, más bien la meta es aprender antes de llegar al destino, que en cada uno de los anteriores hay muchas cosas que podemos aprender. En cuando al primer joven, la vida es el camino digno que se ha propuesto para que busques allí, la esencial de caer y superar las dificultades. En estas encuentras la difícil tarea de exigirte a ti mismo, y es allí donde te vas cuenta lo es que es realmente vivir. Se necesitan impulsos para crecer y lograr lo que se propone, el mismo impulso que te ayudó a trepar el segundo árbol, ya que en el primero no habías aprendido lo suficiente para treparlo, por eso fallaste en tu primer intento. Cuando te arriesgas a vivir, te expones a muchas cosas, pero lo que realmente quieren las almas grandes es disfrutar y luchar, aún si eso los expone a morir. Por eso en tu búsqueda te cruzaste con la muerte, en el vacío enorme, y por eso sigues de pie, porque después de haberse cruzado con ella, se quiere vivir el doble de lo que se quería vivir antes.

-El segundo camino, el camino de la soledad…

-No hay soledad, hay ausencia, porque siempre algo te acompaña, aunque sea la luna en la noche y el sol en el día, por ello cuando se está solo y deprimido, te ausentas de la vida, ya ves la razón de encontrarte con los dos caminos, y eso es la soledad, y lo más importante que en ambas hay un aprendizaje. En el primer camino te encontrabas con riquezas y tierras muy fructíferas, riqueza espiritual, esa riqueza que queda después de haber superado la soledad. En el segundo, en el camino de la maleza, había un enredo total, pero como toda soledad, si decides enfrentarla, puedes cruzar y conseguir muchísimas cosas, por eso conseguiste el tapa ojos. Muchas veces, después de salir de esa maleza llamada soledad te vuelves a topar con ella, por lo que tuviste que regresar cruzándola de nuevo, porque aunque muchas veces te enfrentes a ella, debes tomar el camino de la riqueza, el cual tomaste después de salir de tu soledad.

-¿Por qué el primer camino es riqueza y el segundo es la soledad? Preguntó el joven.

-Porque siempre la riqueza se te postra al frente tuyo, pero debes pasar por tramos difícil para que te des cuenta, cuánto valen las cosas después de haber pasado por situaciones duras. Además necesitabas el impulsor de tu camino, y tu impulso fue encontrar lo que te pedí, con eso te animaste y pudiste cruzar por segunda vez la maleza, por ello siempre lleva el impulso contigo. Recuerda siempre, no te ausentes, porque no estás solo, tu soledad está cuando te apartas de ti mismo, y te aíslas por no querer nada sabiendo que hay mucho. Recuerda también transitar por el camino de la riqueza, al final de cuentas fue el único que te llevó hasta el pico.

En cuanto al tercer joven, tú no tienes lo que te pedí, porque lo que te pedí habita dentro de ti. No hay cosa que te impulse más que tus alas internas, aquellas que te hacen volar al descubrirte a ti mismo. El desespero, el agite no son amigos del yo interior, porque cuando tienes miedo y estas descontrolado, el yo interior se bloquea, ignorante de todo lo que de tu corazón puede salir. Si quieres descubrirte, no te agites por hacerlo, párate frente a ti mismo, y ve lo que realmente te produce respiros desde adentro.

-Espero que hayan sido respondidas sus preguntas, lo que les pedí es un trofeo, guárdenlo, la vida es una flor, desde su tallo, su polen, sus pétalos, hasta su alma, crece poco a poco hasta morirse. Cuando estés solo, ponte el tapa ojos y quítatelo.  Si te ausentas no verás nada, y te perderás de la luz natural o artificial que te alumbra los ojos. Las alas habitan dentro de ti, es tu deber hacer que se estiren.

Ustedes como todas las almas grandes, siempre terminan cansados, pero satisfechos de haber aprendido y obrado para la vida, su vida, y la de otros.



Fin


Por: Ricardo Barbar

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