jueves, 24 de marzo de 2011

Poesías y algo más... El niño y el Lago (PARTE II)

 Enamorate con la segunda parte de esta historia que relata magistralmente la conversación metaforica y significatica entre un lago lleno de sabiduría, y un niño impregnado de inocencia.

 
Robert Pregunta:
-¿Y cómo era el otro lago, o no lo conoció?
Si si lo conocí al lado de esas aguas, estaba ese lago que se llamaba: Lago Tenue. Con él aprendí a sentirme bien conmigo mismo, a estar feliz con lo que soy, y a no dejar que muchas cosas influyan en mi paz, que soy un ser lleno de vida y que debo luchar por estabilizar el corazón con mi mente. Lo que más me gustó aprender fue a estar unido por un sentimiento, una sola conexión que nos permitiera ser únicos.
-¿Y por qué se llamaba lago tenue señor?
-Porque era el encargado de enviar a través del viento magia alrededor del lugar, un rocío mágico, donde el lago y el aire colocaban gotitas de agua en las hojas para que la planta absorbiera el agua y expulsara aire fresco para todo el lugar.
Aprendí y disfruté mucho de sus aguas, compartía enormes días y jugaba como tú lo haces en la escuela Robert. A veces nos íbamos de aventura y regresábamos muy felices por el viaje que hacíamos juntos. Discutíamos de gustos, y cada quien tenía uno en su estilo.


El niño está asombrado por la grandiosa historia que le cuentan. Por un momento sale de su estado de fantasías y felicidad y le dice:
-Señor lago y ¿qué pasó con el tercer lago?
-A eso voy hijo, y escucha con atención que por tu tristeza te estoy contando la historia. El tercer lago inicialmente era de agua dulce, pero de tanto llorar se convirtió en un lago de agua salada. El lago era mujer, se llamaba: Lago Color Albóreo.  Se llamaba así porque era la encargada de darle brillo y esplendor al lugar, estaba en un sitio estratégico para que el sol enviara sus rayos hacia sus aguas, y así actuara como un espejo para que las flores absorbieran su hermoso brillo. Yo me enamoré de ella instantáneamente, sus aguas eran muy coloridas, con una mezcla de colores entre morado y azul, pero más morado. Cuando alguna libélula se cruzaba con sus aguas, el animalito cambiaba su color y el cuerpo se le coloreaba en morado. Eso me impresionó mucho, y a la vez me encantó porque sus aguas eran tan únicas y hermosas, aunque no entendía por qué eran tan tristes. Nadie sabía y nadie había logrado entrar a su lago.
   Yo me la pasaba todas las tardes viendo su resplandor, como la vegetación tomaba un brillo que sólo ella podía darle. Y Cuando caía la noche podía ver como sus aguas coloridas brillaban bajo la luz de la luna. Un día decidí ir hasta allá, yo estaba más enamorado y loco que me arriesgaría a dejarlo todo por ir hasta allá. Para poder entrar a su lago yo planee una estrategia que si bien era peligrosa, podría ser efectiva. Yo dejaría todas mis aguas, y me iría con una sola gota hasta allá. No podía trasladar todas mis aguas por le harían daño al ser ella salada y yo dulce. Pero había otra cosa peligrosa, yo me iría en forma de gota hasta allá, con toda mi esencia en una pizca de agua, pero si no lo lograba entrar, mi gota se rompería al chocar con el exceso de sal. Yo me encontraba en una encrucijada y debía elegir, yo creo que ni pensé, el corazón me ganó y me fui con el sueño de unirme con ella. Cuando avanzaba lentamente por el camino del agua, el miedo y la fe era lo que más sentía. Recordé una de las cosas que había aprendido en medio del viaje, y aunque sólo era una gota, en una sola partícula traía conmigo todos mis conocimientos. Recordé que en medio de los lagos que crucé por la selva,  aprendí de unas de las aguas que el miedo es un gran enemigo, te cohíbe y te paraliza, no te deja fluir tu grandeza y a veces toma tu ser dejándote inmóvil. Decía el lago que cuando tuviese miedo sacara el amor, la fuerza y sobre todo la fe. Rápidamente me di cuenta que yo tenía todo eso, había aprendido amor y fuerza de los lagos donde había estado anteriormente, y la fe la tenía yo mismo desde el mismo día en que partí hacia mi aventura. Cargado de fe, esperanzas y sobre todo entusiasmo entré al lago. Yo no lo podía creer había arriesgado mi vida fluvial por amor y estaba unido a las aguas que tanto soñé. Ella reaccionó rápidamente, sus aguas comenzaron a moverse, mientras yo estaba muy adolorido por el exceso de sal que me aporreaba.
    Después de varios movimientos, paró todo, y se oyó una voz como si estuviésemos en una cueva. La voz era dulce y dijo: “Un día te dije hija, que después de verte llorar tanto desde arriba, Dios te enviaría una sola gota de agua dulce que transformaría tu tristeza para siempre. Ahora si puedo irme feliz. Te miraré desde el cielo.” Y así se fue esa hermosa voz que yo mismo había presenciado. Estaba sorprendido de ser enviado hasta allá para transformar toda esa agua salada en agua dulce. Nuestras aguas se comenzaron a enlazar, cada día estaban más unidas por cada partícula de nuestra magia y esencia. Ella se enamoró de mi, hasta el punto que las flores las hacía brillar cada vez más. Estábamos muy felices, mirábamos la naturaleza, olíamos el suave olor del pino que el aire mezclaba con la fragancia de las flores. También íbamos a visitar a nuestros amigos ya que ella era agua dulce gracias al amor que habíamos creado. Disfrutamos de las estaciones del año, de los pájaros, de los insectos que se cruzaban por nuestras aguas y se coloreaban rápidamente, del pacífico aire que sentíamos y hacia mover nuestras aguas y sobre todo disfrutábamos de nuestro amor. Nos tratábamos suavemente uno al otro, ya que si nos maltratábamos corríamos el riesgo de que nuestras aguas se separaran y que el brillo de las plantas no fuese igual. Así pasamos muchos años hasta que el calentamiento global empezó a afectarnos lentamente, primero las altas temperaturas, luego la contaminación. Nosotros luchábamos día a día en armonía y unión para purificar el ambiente, era una tarea complicadísima pero lo lográbamos. En cuanto a las temperaturas no podíamos hacer nada, seguía aumentando cada día. Llegó un día en que debíamos partir hacia otras aguas para sobrevivir, pues nuestras aguas se estaban evaporando. Nuestros amigos como eran dos lagos ubicados en sitios distintos podían dejar la mitad de sus aguas en dicho lugar e irse a otro para sobrevivir. Nosotros en cambio formábamos uno, compuesto de dos partes, esas dos partes éramos ella y yo, y lo que nos hacía uno era nuestro amor. Mi idea era salvarla a ella y morir yo, en ese proceso cuando uno se va, el agua se evapora y condensa en las nubes, estas en forma líquida dejan caer la esencia mágica como lluvia en las tierras que uno elija, fertilizándolas con flores y vegetación muy hermosas, y un paisaje que uno dibuja para que allí habite tu recuerdo. Yo le dije con mucha tristeza y desgarre que se fuera a las colinas de las flores del alba, un lugar donde habíamos ido antes y que ella con sus aguas había coloreado y junto al sol había hecho del lugar un paisaje muy mágico. Allí habitaba la esencia de nuestro amor, y con nuestras aguas habíamos hecho del lugar un horizonte único. Yo le dije que allí yo dejaría caer mis lluvias, que la amaba y que moriría una y otra vez por ella. Ella se aventuró rápidamente a mi sin obedecer mi petición, y me dijo algo que jamás voy a olvidar: “Cuando tu mayor debilidad es el amor, te conviertes en la persona más fuerte del mundo. Eso me lo enseñaste tú, y con esta misma fuerza y amor me voy feliz regalándote más vida… Te amo”. Y con estas palabras me expulsó con el gran poder que la caracterizaba hacia otras aguas, con esta acción murió mi amor, pero me llevé su esencia conmigo. Sólo te digo… En ese momento el niño interrumpe llorando desconsoladamente por la historia, y le dice:

-¡Noooo! ¿Por qué tuvo que morir? Si usted la amaba señor lago.

-El lago con mucha nostalgia le dice:

-Si yo la amaba, pero la vida es así. Además “el amor dura el tiempo necesario para que sea inolvidable”. Lo que te quiero enseñar con esto hijo es que mírame a mí, yo sufrí tanto por mi pérdida pero aquí estoy, adornando tus atardeceres y ofreciéndoles mis aguas a las personas que lo merecen. No me dejé atrapar por la tristeza, salí adelante con la ayuda de mis amigos los lagos, porque aunque muchos me abandonaron, ellos siguieron de pié. Decidí agradecerle a Dios por la vida que me ofrece cada día que puedo seguir junto a la naturaleza. Y tú debes seguir mi ejemplo que con mucha humildad te doy muchacho. Tu estas triste, pero debes sonreír y ser feliz. No puedes vivir entristecido, eres un niño, y por más grande que sea tu dolor, debes superarlo y seguir caminando con la magia que sale de tu corazón: TU ESENCIA

-Señor lago pero si la esencia de nosotros nos ayuda a superar nuestras tristezas, ¿cómo hizo usted para superar su dolor si sus aguas estaban unidas con otras pero formando una sola esencia?

-Fácil hijo porque me traje conmigo su esencia. Esa magia con que nos unimos quedó en fondo de mis aguas. Ella habita ahí, sólo que ahora no puede hablarme, pero yo la puedo sentir. La esencia por la cual yo estaré enamorado de sus aguas hasta el fin de mis días. Ahora sécate las lágrimas y comienza a darle magia a todos esos corazones que viven o subsisten día a día. Recuerda sonreír, amar y sobre tener mucha fe, acuérdate con fe fui que pude lograr todos mis sueños. No te sientas derrotado  porque la peor derrota es cuando uno pierde su entusiasmo. Me encantó verte, cuidaré de ti siempre. Adiós hijo.




   En ese momento Robert despierta del recuerdo que había evocado. Está en una camilla, y rodeado de muchos médicos. Se encuentra muy grave, todo avanza rápidamente, escucha en el radio de una enfermera que fuertes sequías han ido secando varios lagos. Todo se complica y Robert se va evaporando como un lago, poco a poco, los médicos están agitados, A Robert se le para el corazón, los doctores intentan salvarlo, intentan varias veces, el niño que había aprendido tantas cosas aquel día en su encuentro con el lago se está muriendo. Poco a poco se va, se detiene su respiración, sólo una lágrima sale de su ojo y con esta gota se cierran sus ojos para siempre.

   Al siguiente día el nieto de Robert, el cual el apreciaba mucho había cumplido su última petición. Robert le había dejado a su nieto un chalet en medio de una vegetación hacia unas colinas vecinas. Al nieto siempre le había gustado ese lugar porque en él había un gran lado rodeado de flores y mucha luz donde Robert siempre lo llevaba. Además de esto había pedido  que lo enterraran al lado de su esposa y que le colocaran un epitafio en su lápida que dejaría escrito es su agenda de su habitación.

El nieto observaba la lápida de su abuelo que decía:

¿Saben que es morir?
Morir es alzar el vuelo
Sin alas
Sin ojos
Y sin cuerpo como un lago.

Y sin terminar de leer cayó un fuerte diluvio. El joven siguió leyendo y terminaba su epitafio otra frase que decía.

“La vida es un lago y nosotros no lo sabemos"                                                                                  



Por: Ricardo Barbar 

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